Parte I
La lucha de las pereiranas contra los estereotipos de género. El derecho al voto genera el despertar de las mujeres, y con su participación en la política se da lugar a la creación de estereotipos y violencia de género para reducir su protagonismo, puesto que están inmersas en espacios históricamente ocupados por el género masculino.
Por: Angélica María Raigosa Restrepo
Margarita nació en tierras fértiles, de tradición cafetera, sus abuelos cultivaban el grano y cada mañana lo preparaban en una vieja greca, añadían la panela y disfrutaban de un paisaje cargado de montañas, clima templado y el sonido de las aves en una antigua propiedad no tan alejada del centro urbano de la ciudad de Pereira, un sitio que su familia había logrado proteger de la necesidad tajante de arrasar con lo rural para construir centros poblados, un hecho que se aceleró en el siglo XX después de los años 50.
Salir de aquel lugar y vivir como las mujeres de las grandes ciudades, era el sueño de Margarita, quien estaba próxima a terminar la secundaria para iniciar estudios superiores. Su objetivo, dejar atrás un pasado y un legado familiar de padres y abuelos dedicados al campo, ya que sus aspiraciones se centraban en propósitos que serían inalcanzables en otras épocas. Por ejemplo, en los años 1930, pues, según su abuela Martha, las mujeres poco podían soñar, no tenían derecho a administrar sus bienes, a educarse y definir su futuro. Hasta el apellido de su abuela ‘De González’, como expresión de propiedad privada, era una muestra de la poca libertad con la que pudieron contar sus antepasados femeninos.

“Pero ahora es otra historia”,- pensaba ella.
Su abuela siempre le contó que debió dedicarse al campo, porque, cuando joven, el acceso a la educación estaba limitada inicialmente a los hombres, pero que poco a poco las mujeres fueron ingresando, no sin antes ser vistas con escepticismo, ser discriminadas, relegadas, solo por estar en espacios que tradicional y culturalmente fueron negados para el género femenino.
Margarita se consideraba una visionaria, estaba dispuesta a llenar su vida de éxitos, logros, convertirse en algo que ninguna mujer de su familia había hecho;- ella solo pensaba en un futuro prometedor: Obtener el título como abogada para después convertirse en una líder influyente, lograr un cargo público, ser elegida por ciudadanos que le reconocen sus méritos, y, en especial, por superar en conocimiento, intelecto y carisma a muchos que se vanagloriande ser políticos. Pero además, desde el año de 1954, mediante el acto legislativo No. 3, les otorgaba a las mujeres el derecho a elegir y ser elegidas.
-¿Qué podría salir mal?- Al fin y al cabo tenía aspiraciones, acceso a la educación, apoyo familiar y toda una vida por delante.
Logró cursar sus estudios universitarios gracias a los ahorros de toda la vida de sus padres, por lo que la prestigiosa Universidad Libre de Pereira le otorgó el título de abogada.
Poco a poco se dio cuenta de que había tropiezos para alcanzar cada meta, y la suya seguía siendo ser una representante de su comunidad en el campo político.
Su primera experiencia laboral ocurrió en Manizales, ciudad que entre los años de 1905 y 1966 fue la capital del Viejo Caldas, lo que hoy constituye los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío, región epicentro del Eje Cafetero colombiano, pero cuya división territorial en el año de 1966 generó toda clase de disputas y controversias, especialmente en sus élites, un hecho que en su momento produjo la desestabilización del orden burocrático, dejando un ambiente de tensión yprovocando que, incluso, la comunidad risaraldense se convirtiera en blanco de agresiones y humillaciones por este motivo.
- —¿Eres de Pereira?. Le preguntaban con desdén.
- —Sí, soy pereirana. Respondía.