Las mujeres sufren discriminación por su género, apariencia o simplemente por su lugar de nacimiento

La minimización de este hecho y los casos de violencia de género contra la mujer la llevaron a pensar, ¿es algo cultural?, ¿en esta ciudad la agresión está mal tipificada?, ¿porqué le restan importancia?.
En otra situación, vivió en carne propia otro tipo de discriminación. Al cumplir sus funciones como auxiliar jurídica, un hombre le hizo un comentario que para otras mujeres podría haber sido considerado como un halago.
- “Eres demasiado bonita para ser abogada”. “No te daría la oportunidad de que llevaras mi caso, pues pensarán que se lo di por bonita”, y en otra ocasión un joven le expresó: “Me pareces más una modelo que una abogada”.
El acoso y el recelo profesional siempre habían estado, y era cada vez más común, pero también las inquietudes hacia el regionalismo le estaban dando vuelta.
Algunos de estos hechos se agudizaron en el 2002, cuando la periodista Salud Hernández escribió para el prestigioso diario internacional[1] El País un artículo denominado ‘Viaje a la cuna de las prostitutas’, que hacía referencia a datos revelados por la Interpol, donde se calculaba que, de aproximadamente 50.000 colombianas que estaban dedicadas a vender su cuerpo en el exterior, más de la mitad eran de Pereira.
Fue así como en aquel entonces, tuvo que acostumbrarse a escuchar chistes de mal gusto como «Las pereiranas son sordas», «Cuando les piden que se sienten, se acuestan».
Alcanzar los sueños
Pasaron los años y estos señalamientos le marcaron durante su carrera, en especial si ejercía fuera de su tierra natal, también cuando logró incursionar en la política después de culminar una maestría en Ciencias de la Administración y Diplomacia, por lo que ingresó al Partido Conservador y logró ser, primero, líder, y después, concejala, diputada.
El acceso a la política lo logró gracias a la Ley 581 creada en el año 2000. Todo se dio porque los partidos políticos debieron buscar mujeres para cumplir con el 30% en los cargos de representación y elección popular. Fue así como un dirigente del Partido Conservador, Guillermo Rivera Millán cuya carrera política superaba los 25 años, se vio obligado a ceder ante la necesidad de abrir las puertas para garantizar la participación femenina en las listas, un personaje que pocos años después manifestaría abiertamente que prefería no otorgar aval a las mujeres, porque son “nefastas administradoras”. El dirigente conservador de Risaralda era cartagüeño, y ejercía como concejal en el municipio de Santa Rosa, no obstante, sus palabras retumbaron en todos los medios de comunicación nacionales, que repitieron cada frase de su infortunada expresión:
– “No, Dios mío. Me tienen loco con las mujeres. Yo las quiero mucho, pero no más, pues. Como administradoras me parecen funestas. Miren al Presidente de la República, que está encartado con tanta mujer que tiene como ministra y en todos los institutos descentralizados”.
Todo ello, dejaba entrever la supremacía machista, misógina a la que debía enfrentarse Margarita, al ser parte de una colectividad que históricamente era defensora de la aristocracia y de proteger los privilegios de la oligarquía, todo ello para mantener el orden y la tradición, donde observaba que tenía prelación el género masculino, pues de acuerdo a lo manifestado era considerado con más capacidades para tomar decisiones.
- Los hombres se sienten amenazados por el liderazgo femenino, —consideraba Margarita.
En medio de este ambiente hostil y discriminatorio manifestaba: –
—¡Esta es mi gran oportunidad! –.