Corregimiento de Canutal. Foto tomada del periódico El Tiempo.

El día se vislumbraba como cualquier otro, el reloj natural de todos los habitantes de
Canutal y Canutalito cumplió su función y desde muy temprano iniciaron su jornada
desconociendo que sería empañada por una estela de dolor y muerte.

Cuando los gallos terminaban su canto y la manada de caninos comenzaban a deambular,
por las polvorientas calles de estos corregimientos de Ovejas (Sucre) irrumpieron cerca
de 450 hombres identificados como miembros de las autodefensas.

No fueron invitados, pero llegaron para nunca ser olvidados; permanecieron durante dos
días, 16 y 17 de febrero de 2000, en los que asesinaron a 18 campesinos. Algunos
fueron llevados a lugares apartados, otros asesinados en las fincas donde permanecían y
el resto citados en la plaza principal donde les preguntaban sobre su supuesta vinculación
con la guerrilla para posteriormente acabar con su vida en caminos poco transitables.
Fueron señalados de hacer parte de la organización, auspiciarla y darle albergue en sus
predios.

Las víctimas son: Moisés Gutiérrez Causado, Benjamín González Anaya, Miguel Antonio
Martínez Narváez, Manuel Martínez Rodríguez, Amaury Martínez Simanca, Félix Pérez
Salcedo, Jorge Mercado Vergara, Daniel Díaz Morales, Emiro Castillo Castilla, Dairo
González Olivera, Éder Julio Sánchez, John Núñez Sánchez, David Núñez Sánchez, Miguel
Antonio Avilés, Libardo José Cortés Rodríguez, Luis Peña Salcedo, Rafael Núñez Sánchez y
Gilfredo Brochero Bermúdez.

Celebración eucarística por los 16 años de ocurrida la masacre en Canutal y Canutalito.

Unos agricultores, otros ganaderos, cabezas de familia, líderes y cuidandero de fincas,
estos eran los perfiles de esos hombres que murieron en medio de torturas y que hoy son
llorados por su injusta partida y porque sus nombres aparecen en la lista de otro
corregimiento con el que solo comparten la misma historia de horror y subregión: Montes
de María
.

Estos hombres armados siguieron su recorrido, faltaba por hacer algo mucho más grande,
entre el 18 y 21 de febrero se trasladaron a El Salao (Bolívar), una población a pocos
minutos de Canutal y Canutalito, donde ultimaron a cerca de un centenar de nativos.

Estos últimos hechos captaron la atención de medios nacionales e internacionales por la
forma atroz en que acabaron con sus vidas, algunos ahorcados con sogas o degollados
con cuchillos, para que el ruido de las armas no alertara a las autoridades.

Fueron precisamente estos hechos los que desdibujaron lo ocurrido en zona rural de
Ovejas, la razón: menor impacto debido al número de muertos, por lo que fueron
sumados a la lista de los ocurridos en El Salao.

Detrás de estas masacres están el jefe militar del bloque Héroes de los Montes de María
de las AUC, Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”; el jefe político del bloque Eduard
Cobo Téllez alias “Diego Vecino” y el jefe de sicarios de los paramilitares en Sucre, Úber
Banquez alias “Juancho Dique”, quienes cumplieron órdenes de Rodrigo Tovar alias “Jorge
40”, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso.

Había que romper el silencio, limpiar el buen nombre de sus seres queridos y que
permanecieran en la historia de violencia de Sucre. Para ello, iniciaron con la
conmemoración
de los 16 años de estos hechos y la develación de una placa donada por
la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Canutalito, el próximo año
sería en Canutal y así alternarla la ceremonia con el fin de mantener la memoria viva.

Placa conmemorativa en honor a las víctimas de la masacre.

“El camino no será fácil, porque es una historia que estuvo oculta por años, sin embargo,
lo que nos interesa es ser reconocidos como víctimas y que las nuevas generaciones
conozcan lo que pasó, es la única forma que nuestros muertos sigan vivos”, concluyó
Argemiro Gutiérrez, hijo de una de las víctimas.

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