Julia Meriño una de las líderes de Chengue, corregimiento del municipio de Ovejas en el departamento de Sucre, lucha a diario junto con sus coterráneos para impulsar Miel de Chengue, el emprendimiento que le está apostando a la resiliencia y la reconciliación de la comunidad que aún se repone de la masacre de aquel 17 de enero de 2001.
Cuenta Julia que su corazón se arruga cuando recuerda no solo la muerte de sus dos tíos y dos primos, sino también, la de su esposo, Henry Peluffo Martínez, ocurrida dos años después de la masacre de Chengue, cuando la guerrilla del 35 frente de las Farc lo asesinó porque decían que era familia de un paramilitar que tenía como nombre de pila, Rodrigo Mercado Pelufo.

“Desde ese entonces había desconfianza entre los chengueros. No nos gustábamos, porque los que tuvimos víctimas culpábamos a los otros de informantes de la guerrilla o de los paramilitares”, dice con voz entrecortada la mujer de alta estatura.
El retorno a Chengue se logró en el 2007 con 50 familias, pero solo 30 se quedaron nuevamente en el pueblo;mientras que otros, van y vienen, pero no viven en el territorio.
“Me alejé de Chengue durante 6 años, después del asesinato de mi esposo. Pero me motivó a regresar el amor y el arraigo por mi tierra, esa de la que brotaban antes hasta 4 y 5 toneladas de aguacate, producto del que vivíamos la gran mayoría de los chengueros. Mi marido soñaba que íbamos a retornar, eso me dio fuerzas para levantarme y cuando llegué a Chengue inicié procesos de reconstrucción”, precisa Julia.

Con más de 10 años de trabajo, Meriño se convierte en una lideresa promotora de la reconciliación e impulsa la conformación de la Asociación de Víctimas de Chengue, con la que logra junto con la comunidad y el impulso de USAID, la restitución en 2016 con una sentencia emitida por el Juzgado Primero Civil Especializado de Sincelejo, le devolviera a ella y a otras 36 familias sus predios.
Es también es una gran impulsadora de Miel de Chengue, emprendimiento que nació gracias al apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Unidad de Restitución de Tierras y cooperación sueca.
Hoy, la miel se ha convertido en una fuente de reconstrucción del tejido social campesino y de su producción participan familias chengueras restituidas y no restituidas que lograron recoger 1,5 toneladas en la primera extracción de las 500 colmenas que les donaron.

“Miel de Chengue llega como un proyecto colectivo que ha impactado positivamente, quedamos con una capacidad instalada. Hicimos un acuerdo con Campo Dulce y le vendemos una tonelada de miel, el resto la comercializamos a Bogotá y se vende por pimpinas y empacada”, dice la lideresa.

La historia de Julia Meriño, quien ganó, a los 51 años, el Premio Cafam a la Mujer Rural 2019, al igual que la de Chengue pasaron de lo amargo a lo dulce, convirtiéndose en símbolos de paz, resiliencia, reconciliación y miel.

Aun después del amargo sabor que dejó la masacre con la pérdida de 27 vidas, sus habitantes han puesto su esperanza en la dulce miel, producto que les permite mantener viva la fe de quienes fueron sobrevivientes en Chengue.