Luego de tres largos años de haber perdido su mano y parte del antebrazo izquierdo Luis Fernando Álvarez Campuzano aún no se ‘acomoda’ a la vida que forzosamente lo sometió un vecino por no tolerar que él fuese miembro de la comunidad Lgbtiq+.
Sus sueños de ser estilista y chef, dos oficios opuestos, pero con los que él siempre se vio reflejado para realizarse y sobrevivir, se han visto frustrados, de momento, porque tampoco cuenta con una prótesis moderna, no rígida como la que posee, y porque no tiene ayuda del Estado para hacerlos real.
Su vida dio un vuelco de 180 grados. Creyó que cuando cumpliera la mayoría de edad visitaría la Capital de la República para divertirse, pero no ha sido así. Sus idas a Bogotá, como la que acaba de realizar hace dos días, han sido para asistir a los controles médicos para ver el avance de movilidad de su mutilado brazo.
Se resiste, dice y lo ratifica su mamá Oneida Campuzano, ha haber perdido su brazo, por eso hay días y hasta semanas enteras que entra en depresión.
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Con nostalgia recuerda que el último oficio que realizó teniendo sus dos manos fue vender de casa en casa, entre sus vecinos, unos mazos de fríjol biche, muy apetecidos para hacer arroz y acompañar con un guiso de carne o pollo. Eso fue la tarde del 31 de julio de 2020 cuando en plenas restricciones por la covid-19 un adolescente como él, de 17 años, y de nombre Yeison que por demás era su vecino en el barrio Altos del Rosario, al norte de Sincelejo, lo atacó con un machete.
Ese día, narra Luis, fue el final cruel de todos los ataques homofóbicos de los que había sido víctima por parte de Yeison hasta en el colegio, pero que los padres de este se negaban a creer, y que solo se percataron de ello cuando por miedo a represalias de parte de los familiares de Luis y de algunos vecinos, tuvieron que irse del barrio y dejar tirado algo de lo que habían logrado conseguir.
Su hijo Yeison, el agresor, se fue del barrio inmediatamente le cercenó uno de los brazos a Luis, que a la fecha no lo ha vuelto a ver, pero de quien sabe que no pagó prisión por lo que le hizo.
“Por el simple hecho que le daba rabia como soy yo me atacó. A mí no me preocupa que me miren y me señalen por mi condición sexual, eso nunca ha sido un problema para mí. Lo que sí es mi dolor de cabeza es no tener el brazo y que la gente me vea así. Yo no quiero estar así”.
Luis Álvarez Campuzano.

¿Se aprovecharon de su tragedia?
Se duele además este joven de que los miembros de una organización defensora de la comunidad Lgbtiq+ en Sucre que en su momento fueron los primeros en socorrerlo y dar a conocer esta brutal agresión a nivel local, nacional y departamental ahora no le den cuenta de los más de 80 millones de pesos que él logró recaudar a través de un vaki y con los que tenía previsto adquirir la prótesis, mejorar su casa y formarse en los artes que en adelante le garantizarían su subsistencia.
El lema “Luis no está solo” con el que le recaudaron los recursos se quedó en eso, en un lema, porque hoy se siente solo y desamparado. Las ayudas y apoyos que las administraciones que están a punto de finalizar le ofrecieron no llegaron. Lo único que hoy existe como memoria de este ataque homofóbico es una escultura de un metro con 60 centímetros que se denomina ‘Mutilación’, de la autoría del artista John Fitzgerald Serna y que desde el 8 de octubre de 2020 está exhibida en el Museo Lgbti de Colombia.
“Allí va a permanecer siempre esa escultura recordando lo que me pasó”, dice Luis en su entrevista sin el más mínimo asomo de alegría en su rostro, como si aquello le fuera indiferente.
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Sala de prensa, de Noticias Caracol, analizó el caso de Luis. Puedes verlo a continuación: